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“Prácticas de cooperación”


Piotr Kropotkin, durante la última década del siglo XIX se dedicó a publicar una serie de artículos en la revista inglesa The Nineteenth Century, referidos en a la Ayuda Mutua, tanto en animales como en diferentes grupos humanos. Estos artículos fueron compilados y publicados en un obra titulada El apoyo mutuo. Sería largo explicar el contexto de estos artículos, pero básicamente la idea de Kropotkin era responder, más que a Darwin, a los darwinistas que habían hecho de “la lucha por la existencia” una especie de mantra intelectual para mostrar el poder que podía tener la lucha de uno contra todos. El esfuerzo de este autor va en la vía de superar esta interpretación estrecha y mostrar cómo la ayuda mutua es, más bien, un factor de evolución. Ya en el siglo XX (1976) nos encontramos con la publicación del libro “El gen egoísta: las bases biológicas de nuestra conducta” de Richard Dawkins y más recientemente obras como “Juntos” de R. Sennett o “El pingüino y el Leviatán. Por qué la cooperación es nuestra arma más valiosa para mejorar el bienestar de la sociedad” de Yochai Benkler. La cuestión es, ¿por qué seguimos hablando de cooperación o de si somos egoístas en la lucha por la existencia o en nuestras relaciones cotidianas aún en sociedades civilizadas?
Mucho se ha discutido de si nuestra naturaleza es egoísta o generosa en cooperación. Si restamos la distancia en años de publicación de estas obras nos daremos cuenta de que es un debate sin cerrarse. Más bien, diríamos que se trata de un debate atravesado por ideologías que no permite aclararlo de manera definitiva. Desde nuestro trabajo creemos, como varios de estos autores citados, que la cooperación no solo es un valor frecuentemente presente sino también con un gran potencial para modelar de manera más humana nuestras sociedades. Esto no quiere decir que su presencia sea mágica o abrumadora, pero sin duda es más frecuente de lo que se quiere reconocer. La teoría económica se ha montado en los hombros de una antropología muy curiosa y destructiva, la que asume que somos seres no más allá que solamente capaces de buscar la satisfacción de nuestras propias necesidades. .


La viabilidad misma de la sociedad, tal como la hemos construido sería imposible de no ser claras prácticas de cooperación presentes. Esto no anula ni pretende desconocer que en las relaciones cotidianas y en sus espacios de realización hay prácticas egoístas. Pero, definitivamente, no aceptamos que esa sea la norma .

Hoy, debemos hacer un esfuerzo por visibilizar esos otros muchos espacios de realización de relaciones de cooperación. Esto es lo que desea visibilizar este esfuerzo sobre el cual transitamos en conjunto con el Instituto Costarricense de Fomento Cooperativo. Ambas instituciones, interesadas en esta temática, continuamos trabajando para realizar un pequeño estudio que haga visible la presencia de prácticas de cooperación en diferentes espacios y circunstancias sociales, políticas y económicas de nuestro entorno.​​​​​